Tres meses frenéticos, en los que he tenido ocasión de viajar por mi trabajo a lugares como Estambul, Nueva York y Roma.
Tres meses fascinantes, que han culminado con el nacimiento, el pasado día 8, de José, mi segundo hijo.
Tres meses que han pasado tan rápido como un segundo, o como toda una vida.
Nuestro cerebro sería perfecto si permitiera congelar en la memoria determinados instantes, para recobrarlos con todo detalle en otro momento.
Etiquetas: Palabras de otro, Tiempo y vida