6 de septiembre de 2006

Conclusiones del verano (II): Boom, Boom, Bueu


Como cada año, desde hace diez, hemos pasado parte de las vacaciones en Bueu, un pequeño pueblo de Pontevedra que en el año 1900, tenía 7.200 habitantes, y a principios del siglo XXI cuenta con 12.500.

Algo nuevo se está moviendo entre Marín y Cangas. Seis inmobiliarias nuevas, seis, han surgido desde el último verano. Turistas en bermudas agudizan la vista en busca de la ganga, mientras los comerciales, apostados a la entrada, esperan el inicio el regateo. Bueu se está convirtiendo apresuradamente en un zoco, en el que un plano o una foto son capaces de acelerar el pulso a un ritmo insospechado.


Los padres de los vendedores se forjaron en la lonja y en los barcos, pero la pesca inmobiliaria es libre, menos sacrificada, y otorga mejores frutos. Hasta 240.000 euros se piden por un metro cuadrado, con vistas a la ría y a la pionera Sanxenxo. Es el preciado botín al que aspiran los colonizadores de un nuevo oeste que está por descubrir, y que empieza a sufrir las consecuencias.

No hago juicios de valor; me limito a señalar un fenómeno que está llegando hasta los pueblos más pequeños de una España en la que la arquitectura parece haberse convertido en el valor residual de un metro cuadrado sobre el que pisar. Sigo y seguiré siendo un firme defensor de la libertad individual, el derecho de propiedad y las leyes del mercado, terreno natural de un fenómeno que no es nuevo en las grandes ciudades, pero que alcanza ya pueblecitos, como Bueu, nacidos en el lejano siglo XIX, a la sombra de la industria conservera.

Me parece criticable, por el contrario, que muchos poderes públicos no sean capaces de crear el marco adecuado a este desarrollo demandado por los ciudadanos, compradores y vendedores. En un vano intento de parar el tiempo, parecen preferir que sus ciudades se conviertan en un desafortunado damero de improvisaciones, antes que abordar una sana planificación urbanística que les permita sacar el mejor provecho posible del territorio.

3 comentarios:

Neil dijo...

Yo vivo en Pontevedra y paso bastante por Bueu. Pienso que la única solución pasaría por una mayor sensibilización de la sociedad, que la gente no admitiese según que construcciones o aprovechamientos desmedidos, entonces los gustos de la gente corregirían el mercado (que utopía, ¿eh?), y un urbanismo más dedicado a buscar lo mejor para todos y no dedicado a organizar la financiación de los ayuntamientos.

¿Y lo que han hecho con Beluso? Esos bloques de viviendas, esos adosados "estilo rústico". Lamentable. Y eso que ahí tenían el ejemplo de la casa de Molezún, una verdadera obra de arquitectura.

Saludos.

Anónimo dijo...

Cada pueblo tiene lo que se merece.
Por su cultura,por su idiosincracia,
Por lo que lo de Bueu ,no tiene mas vueltas son lo que son ,el dinero y el bien estar economico se les ha venido grande.
Pocas personas vienen a vivir aqui que aporten ,algooooo de normalidad,que enseñen a los nativos algo.
El caso de vazquez el arquitecto es aislado,talvez era una persona de verdad(no lo conoci)pero lo m eimagino que asi era.
Caso perdido es estooooooooo,el feismo impera,a pesar de que ahora ha mejorado,ahora la gente tiene sus chalet´s con piscina y esas cosas ,but pero eso hay que saber usarlo,hay que disfrutar de esas comodidades.
Claro pero todo eso te lo enseñan las vivencias y no las revistas de decoracion de medio pelo.

Anónimo dijo...

Por favor me pueden decir donde compran las"LAS COLCHAS ESAS DE RASO" QUE PONEN EN LAS CASA DE LQUILER?ES UNICO EN EL MUNDOOOOOOO
POR DIOS QUE DEJEN DE METER BASURA!!!!!!!!