21 de agosto de 2008

Starck Superstar

Dentro de pocos días visitaré de nuevo Nueva York, y como desde hace algún tiempo, me volveré a alojar en el Hudson Hotel, creado por Phillippe Starck para Ian Schrager. O al revés... Da igual. Volveré.

Starck es, a mi juicio, el mayor ilusionista de nuestro tiempo. Aún recuerdo cómo quedé epatado, allá por el verano de 1992,por mi primera visita al Teatriz de Madrid. Y desde entonces no he dejado de seguir con admiración sus barrocos trucos con puntos de fuga oblícuos, muros de textiles vaporosos, lamparitas, luces teatrales, maderas, mármoles, espejos, velas, mobiliario algo extravagante y telas teñidas de estrafalarios tonos. Entono el mea culpa de haber copiado alguno de ellos...

Pero, como todo mago, Starck esconde detrás de sus trucos un artificio. Y cuando se descubre el artificio, la magia se esfuma. O no... Stark es grande hasta para eso.

Siento que me volveré a maravillar de nuevo en el Hudson...

1) ...A pesar de saber que dos espejos paralelos y un vidrio en la ducha es la mejor de las maneras para multiplicar hasta el infinito un espacio más pequeño que los camarotes de tercera clase del Queeen Elisabeth.

2) ...A pesar de evidenciar que muchos baños de la España de los años 60 (o de la América Profunda del XIX) lucen un asombroso parecido, aunque menos depurado, con las creaciones originales del genio francés.

3) ...A pesar de pensar que el parecido entre la discoteca del Hudson y algunas escenografías de "2001, una odisea en el espacio" no puede ser simplemente casual.

4) ...A pesar de saber cómo, allá por 1918, un loco llamado Spencer Penrose, más conocido como "el Rey del Ocio" creó en Colorado Springs el espectacular Broadmoor Hotel, en cuyo lobby aparece -80 años antes- el dramático recurso de una escalera mecánica, como en mi admirado Hudson... El tal Spencer Penrose decidió poner en ese sitio tan tecnológico artefacto como gesto de bienvenida a los huéspedes, mientras que el Rey del Ocio de finales del XX, Ian Schrager, probablemente decidió hacerlo, siguiendo los consejos del divo Starck, como provocación, como el que cuelga retratos de vacas con sombrero, o librerías de libros inalcanzables...

Volveré, por tanto, al Hudson. Y lo disfrutaré, como siempre, más que nunca.

De vuelta con los grafittis, hay que hablar con propiedad

Me pregunta una buena amiga si Pundravac 10.0 significa el final de la guerra que hace tiempo declaré a la lacra del grafitti, y eso me obliga a hacer algunas acotaciones.

Nada tengo en contra del graffitti en sí, faltaría más... Admiro el talento individual de cualquier expresión artística, y el graffiti lo es. Basta con dar un paseo por cualquier gran ciudad para percibir el talento de algunos -generalmente pocos- artistas del spray. Ahora bien, ese talento artístico, limitado o no, merece respeto en menor medida que un derecho individual esencial, para mí sagrado, como el de propiedad. Es ahí donde estriba la cuestión...

Yo podría haber escrito Pundravac 10.0 en cualquier muro, pero lo que lo singulariza y le da legitimidad frente a cualquier grafitti es que lo que hecho en un tabique de mi propiedad. Eso me autoriza y legitima a hacer con él lo que me de la gana, a diferencia de lo que ocurre con cuantos manchaparedes andan por ahí pintando en territorio ajeno, ensuciando muros que generalmente son propiedad de todos y cada uno de nosotros...

Tear down this wall!

Testimonio de una catarsis deseada desde hace largo tiempo...






Ponga un Guggenheim en su vida...

Ponga un guggenheim en su vida... Y acabe con la crisis.
Por cierto, allí hicieron el Museo y gobierna el BNG...

Mercado inmobiliario de Bueu 2008

El mercado inmobiliario de Bueu, dos veranos después de mi último post sobre el tema...

Pundravac 10.0


Las catarsis comienzan asi... Derribando los muros que te encorsetan.

20 de diciembre de 2006

"Deconstrucción española", artículo en WSJ Europe

"La economía española está en pleno boom. También lo está, de forma más espectacular, su mercado inmobiliario, cuyos precios han subido un 180 % en la última década. Unos salarios al alza y unos intereses bajos conducen la demanda inmobiliaria (...) de este tigre ibérico.

Las fiestas se tienen que acabar, o al menos, reducirse. El próspero mercado inmobiliario cubre unas deficiencias estructurales de la economía a las que el Gobierno de centro-izquierda ha prestado poca atención (...) Una corrección del mercado inmobiliario tendría un gran impacto en la economía, que se alimenta del consumo, que a su vez está conducido por el efecto riqueza generado por los precios de la vivienda, y de la construcción (...)

Cualquier prescripción pasa por una diversificación de la economía. Las empresas tienen que lidiar con demasiado papeleo, los mercados energéticos esperan la liberalización, y las normativas para emplear y despedir siguen siendo las más restrictivas de la OCDE. El Gobierno de Jose Luis Rodríguez Zapatero parece contento montado sobre las reformas introducidas por sus predecesores. Pero a menos que Madrid afronte estos asuntos, es probable que a los tiempos del boom español le siga pronto un retorno a la mediocridad más familiar del pasado."

11 de septiembre de 2006

En el aniversario de la infamia, un artículo de Eduardo Aguirre

“UN ENEMIGO PARA TODOS NOSOTROS”
Eduardo Aguirre, Embajador de Estados Unidos en España y Andorra

Confío en que no es necesario contar los detalles de los sucesos de aquel día. No es necesario explicar a los lectores españoles las consecuencias de aquellos atentados. Todos recordamos las horrendas imágenes. Pero no podemos y no debemos olvidar a las víctimas y sus seres queridos. Y no podemos evitar el simple hecho de que hoy las sociedades abiertas se enfrentan a una amenaza seria y existencial.

El mundo está envuelto en un conflicto con el terrorismo transnacional, que predica la violencia, la intolerancia y el extremismo, y hemos de entender la naturaleza y las ambiciones de nuestro enemigo...

El 11 de Septiembre no inauguró una era. Pero nos abrió los ojos a una amenaza que había estado cobrando fuerza y había comenzado a asesinar años atrás. Si hubiéramos mirado con más detenimiento 10 años antes, habríamos visto la determinación y la crueldad de estos terroristas.

Sus ambiciones, como su brutalidad, también están claras. En numerosas declaraciones han reiterado su incesante guerra contra la libertad, contra la democracia y contra todo el que se oponga a su rígida visión de una utopía. El régimen talibán dejó entrever lo que tratan de imponer en todo el planeta: un dogma despiadado, tiránico y perverso que oprime a millones de personas, prohíbe que las niñas vayan a colegio, recluye a las mujeres en su casa y propugna que la policía religiosa golpee y azote a los que considera poco piadosos.

Esta es la naturaleza de nuestro enemigo. Ni qué decir tiene que no se rata de una ideología con la que podemos negociar. No se puede disuadir o corregir a los fanáticos terroristas. No puede haber coexistencia pacífica con aquellos cuyo propósito y cuyo objetivo es aniquilarnos.

En 2001, un país entero se había convertido en santuario y campo de entrenamiento de terroristas. Ese país albergaba a una organización que tramó atentados en cuatro continentes y asesinó a 3.000 civiles inocentes en un lapso de 100 minutos. La faceta militar era necesaria e inevitable, y por eso EE.UU. utilizó la fuerza para destruir el régimen talibán y el refugio de Al Qaeda. Hoy, Estados Unidos y sus socios de la OTAN, entre los que España desempeña un valioso e importante papel, continúan trabajando para garantizar la estabilidad en Afganistán, eliminar los vestigios del régimen talibán y ayudar al país a avanzar y convertirse en una democracia sólida.

Pero es un error creer que las acciones militares son el límite de la respuesta de EE.UU. al terrorismo. Esta lucha exige una estrecha coordinación y cooperación entre los organismos responsables de hacer cumplir la ley, la Inteligencia y las autoridades financieras, y eso es precisamente lo que están haciendo Europa y EE.UU. Juntos, estamos congelando los activos financieros de los terroristas y desarticulando redes de reclutamiento. Estamos localizando, deteniendo y juzgando a los organizadores e inspiradores de la violencia terrorista.

Éstas son respuestas necesarias y apropiadas a la amenaza del terrorismo internacional, pero no son suficientes. Se trata de un conflicto ideológico contra una fuerza política violenta opuesta a todo lo que representan las sociedades abiertas y democráticas. Y sólo ganando la batalla ideológica, durante años y generaciones, se podrá derrotar a la amenaza del terrorismo.

El primer paso es rechazar la ideología de los terroristas. La culpa de las muertes causadas por el terrorismo es sólo de los terroristas, no de los que se oponen a él. Los terroristas no pueden convencer, así que tratan de intimidar, confundir y engañar. La abrumadora mayoría de las víctimas de los atentados terroristas islamistas han sido los propios musulmanes, porque, a pesar de la retórica de los terroristas, su más temible enemigo no es Occidente, son la moderación, la tolerancia y la dignidad humana de la inmensa mayoría dentro de las sociedades musulmanas. Y en todo el mundo musulmán, la gente de fe, de paz y de tolerancia está mostrando que rechaza el camino de los terroristas. Sólo ellos pueden impedir que éste avance, minar su fuerza y contrarrestar su veneno. Ellos serán los vencedores sobre el extremismo pseudoislamista.

Podemos ayudarles. A través de programas como el Foro para el Futuro, del G-8, EE.UU. está apoyando iniciativas de países de todo el mundo musulmán para fomentar una mayor apertura política y económica, fortalecer la sociedad civil y crear más oportunidades para las mujeres. Este es el segundo paso, vital. Pero necesitamos la ayuda de todos. El silencio y la negativa a implicarse juegan en favor de los extremistas.

Están en juego la seguridad y el carácter abierto de nuestras sociedades democráticas. Está en peligro la posibilidad de una paz duradera. En palabras del presidente Bush, se trata de «la gran batalla ideológica del siglo XXI» y de «un llamamiento a nuestra generación». Perder es algo que no podemos permitirnos.



6 de septiembre de 2006

Conclusiones del verano (III): La hora del Prius

Dicen que la primera manifestación de la crisis de los 40 es el deseo compulsivo de cambiar de coche. Buena parte de mis amigos proximos a esa redonda edad, han caído en ese extraño síndrome, y, lejos de preocuparles, lo exhiben sin rubor. Aunque no es menos cierto que a los caso extremos les viene ocurriendo, desde hace años, cada dos minutos...

Tal cuestión no me importaría lo más mínimo si no fuera porque, cercano ya mi 37 cumpleaños, me ha entrado un súbito impulso de cambiar de coche. Ha ocurrido este verano, de la noche a la mañana, cuando el coche me ha parecido siempre un mal necesario...

Mi objeto del deseo, es el nuevo Toyota Prius.

Tuve mi primer coche, casi por obligación, a los 28 años. Lo compré una semana después de sacarme el permiso de conducción, empujado por Mimí, que me había inscrito en la autoescuela. Era un Mazda MX-3, pequeño y agradable de conducir.

Lo cambié casi por obligación. El nacimiento de María y la compra de un piso en la periferia, nos hizo necesitar un coche más grande. La oportunidad de compra de un Opel Zafira de empresa, que finalizaba un leasing de cuatro años, hizo el resto.

Pasados tres años, el Zafira nos ha vuelto a dejar tirados, por enésima vez, en Bueu.
De modo que, de la noche a la mañana, he empezado a bucear en bases de datos de coches, tratando de hacer una "elección racional", basada en tres parámetros: Menos de 30.000 €, más de 400 litros de maletero, y cambio automático. En igualdad de condiciones, he empezado a comparar por equipamiento, estética y consumo, dando prioridad a las marcas japonesas, por la buena experiencia con Mazda y la mala con Opel.

Y es así como he dado con el Prius, una pequeña maravilla tecnológica con conciencia medioambiental. No voy a describirlo aquí; pero recomiendo a quién no lo conozca, le eche un vistazo en www.toyota.es o, casi mejor, en km77.com.

A mi juicio, aunque se trate casi de un coche experimento, abre un camino importante a la industria automovilística.

Volveré a escribir sobre el Prius una vez lo tenga entre mis manos, hacia finales de año.

And here is the rest of it.

Conclusiones del verano (II): Boom, Boom, Bueu


Como cada año, desde hace diez, hemos pasado parte de las vacaciones en Bueu, un pequeño pueblo de Pontevedra que en el año 1900, tenía 7.200 habitantes, y a principios del siglo XXI cuenta con 12.500.

Algo nuevo se está moviendo entre Marín y Cangas. Seis inmobiliarias nuevas, seis, han surgido desde el último verano. Turistas en bermudas agudizan la vista en busca de la ganga, mientras los comerciales, apostados a la entrada, esperan el inicio el regateo. Bueu se está convirtiendo apresuradamente en un zoco, en el que un plano o una foto son capaces de acelerar el pulso a un ritmo insospechado.


Los padres de los vendedores se forjaron en la lonja y en los barcos, pero la pesca inmobiliaria es libre, menos sacrificada, y otorga mejores frutos. Hasta 240.000 euros se piden por un metro cuadrado, con vistas a la ría y a la pionera Sanxenxo. Es el preciado botín al que aspiran los colonizadores de un nuevo oeste que está por descubrir, y que empieza a sufrir las consecuencias.

No hago juicios de valor; me limito a señalar un fenómeno que está llegando hasta los pueblos más pequeños de una España en la que la arquitectura parece haberse convertido en el valor residual de un metro cuadrado sobre el que pisar. Sigo y seguiré siendo un firme defensor de la libertad individual, el derecho de propiedad y las leyes del mercado, terreno natural de un fenómeno que no es nuevo en las grandes ciudades, pero que alcanza ya pueblecitos, como Bueu, nacidos en el lejano siglo XIX, a la sombra de la industria conservera.

Me parece criticable, por el contrario, que muchos poderes públicos no sean capaces de crear el marco adecuado a este desarrollo demandado por los ciudadanos, compradores y vendedores. En un vano intento de parar el tiempo, parecen preferir que sus ciudades se conviertan en un desafortunado damero de improvisaciones, antes que abordar una sana planificación urbanística que les permita sacar el mejor provecho posible del territorio.

5 de septiembre de 2006

Arde Madrid


Al final, todo ha quedado en un susto, pero las llamas de ayer en Torre Espacio, no pudieron por menos que recordarnos a los madrileños el incendio en el Edificio Windsor.

Desde el inicio de su construcción, parecía haberse producido una suerte de competición de velocidad entre las cuatro torres de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid (obras de Pelli, Rubio Carvajal y Alvarez-Sala, Foster, y Pei, Cobb, Fred & Partners), llamadas a configurar el nuevo skyline del Madrid gallardonita. La torre sufridora del incendio de ayer (la de Pei & Co.), había tomado, hasta ahora, cierta ventaja de altura. La resolución de la carrera de velocidad gana ahora en intriga.

Tengo la impresión de que, por muy visibles que sean los incendios en las alturas, pueden llegar a ser mucho más peligrosos para la convivencia ciertos incendios invisibles que se gestan tanto en lo más profundo como en la periferia de las grandes ciudades...


Anoche, de vuelta a casa, me resultaba tan irónico como esperanzador que, a pocos metros de las cuatro torres que rivalizan en individualismo (tanto como las estrellitas del futbol profesional), otras torres, los jugadores de la selección española de baloncesto, celebraran el triunfo del juego en equipo.

Comentario aparte merece el locutor de Telemadrid, explicando que "el edificio incendiado es muy seguro porque está construído con elementos estructurales verticales elaborados en hormigón de alta resistencia, que sostienen losas horizontales elaboradas también en hormigón". Sin palabras...


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4 de septiembre de 2006

¡¡H2O con comentarios!!!

Por un error de configuración, todos los comentarios a los post habían quedado sumidos en un profundo letargo, en algún lugar de ciberespacio.

Gracias a mi querida Eva Pavo, (sietediasdesolypeople.blogspot.com), he recuperado todos para disfrute público público, y sin ningún tipo de censura.

Gracias a todos, incluso a "los putos amos del grafitti", como se autodefinen, de los que prefiero que se entretengan respondiendo a mis comentarios que ensuciando hormigón recién desencofrado.

Conclusiones del verano (I): Galáctico Koolhaas

Hasta este verano, no había tenido la oportunidad de visitar ninguno de los edificios realizados hasta la fecha por Rem Koolhaas, el gurú de la arquitectura contemporánea.


Como la gran mayoría de los arquitectos, me había hecho una impresión de su obra construída a través de la seleccionada colección de fotos con que nos obsequian las revistas de cuando en cuando.

De ahí que su arquitectura tuviera para mí un cierto aire cinematográfico, forzado por toda suerte de trucos que juegan con la perspectiva, los enfoques, la luz, el color.

En agosto tuve la oportunidad de visitar la Casa de la Música de Oporto, un impresionante ejercicio de arquitectura... y de fuegos artificiales.

El edificio bien parece una atracción de un parque temático patrocinado por 20th Century Fox. Sin ir más lejos, el arquitectónico meteorito y sus pasillos me remite subconscientemente a las naves de Star Wars por las que caminaba en los sueños de mi niñez...


27 de mayo de 2006

Exposiciones (I): Museo Capodimonte, en Salamanca, Madrid y Sevilla


La pasada semana he acompañado, durante un par de días, a un grupo de 50 jóvenes líderes iberoamericanos que visitaban Salamanca y Valladolid.

Salamanca, es, a mi juicio, una de las ciudades más hermosas y agradables de España. Su arquitectura clásica y contemporánea, su ambiente universitario y cosmopolita, y su siempre reconfortante gastronomía, justifican sobradamente la visita. En mi caso, intento, por ejemplo, no perdonar, ni cuando el termómetro señala bajo cero, un largo paseo nocturno, que me lleva obligadamente a la Plaza Mayor, la Catedral, la Universidad y San Esteban. Ya de día, intento, si la agenda lo permite, visitar alguna gran obra, clásica o contemporánea, como el Palacio de Congresos de Navarro Baldeweg. Finalmente, suelo dar cuenta de una buena comida castellana, como la que que en esta ocasión tuvo lugar en Casa Mauro.

Esta vez he tenido, además, la fortuna de encontrarme, casi por sorpresa, con una soberbia exposición patrocinada por Caja Duero. Se trata de una selección de 54 obras maestras procedentes del Museo Capodimonte, de Nápoles. Aunque hoy será el último día en que abra sus puertas en Salamanca, en unas semanas se expondrá en el Palacio Real de Madrid, y posteriormente en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, por lo que recomiendo vivamente la visita.

La exposición comienza, cronológicamente, con la "Santa Eufemia" de Mantegna (1454), y culmina con un retrato de Murat de Antonio Calliano, firmado ya en el siglo XIX.

"La Magdalena", de Tiziano, y "El Soplón", de El Greco, son, quizás, las mejores obras de una exposición que habla, sin aspavientos, de cómo a lo largo del tiempo, los europeos hemos compartido creencias, ideales, circunstancias e historia.

Otras obras impresionantes son un Cristo crucificado de Van Dyck, algunos lienzos de la escuela tenebrista surgida en torno a Caravaggio, y alguna de las grandes composiciones de Luca Giordano. Mantegna, Rafael y Ribera también están entre los grandes autores expuestos.

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Tres meses, una vida

Han pasado, fugazmente, tres meses desde mi último post.

Tres meses frenéticos, en los que he tenido ocasión de viajar por mi trabajo a lugares como Estambul, Nueva York y Roma.

Tres meses que han pasado tan rápido como un segundo, o como toda una vida.

Nuestro cerebro sería perfecto si permitiera congelar en la memoria determinados instantes, para recobrarlos con todo detalle en otro momento.

26 de febrero de 2006

¿Posible decálogo de la arquitectura populista?

Coincidí en México con Enrique Krauze, uno de los intelectuales más lúcidos y sensatos que hay hoy en el continente americano. El martes impartió una magistral conferencia para FAES sobre los riesgos del populismo en Iberoamérica que, como todos los buenos análisis, puede tener traslación a otras disciplinas del saber, y entre ellas, a la arquitectura.

Da la sensación que la arquitectura camina desnortada desde hace tiempo, fomentando la aparición de firmas que se mueven a caballo entre el discurso elitista y el fenómeno mediático. Hoy la arquitectura tiene mucho de show business, con profusión de recursos invertidos en marketing.

Ante este panorama tan confuso, en el que las revistas sin texto marcan el camino, puede ser útil, de cara a distinguir el trigo de la paja, realizar el siguiente juego: Aplicar a ARQUITECTOS y ARQUITECTURA, previa inclusión de ambas palabras, el decálogo sobre populismo elaborado por Krauze para los políticos americanos.


Ahi va el manipulado decálogo:

1) El populismo exalta al ARQUITECTO carismático. No hay populismo sin la figura del hombre providencial que resolverá, de una buena vez y para siempre, los problemas de la ARQUITECTURA.

2) El ARQUITECTO populista no sólo usa y abusa de la palabra: se apodera de ella. La palabra es el vehículo específico de su carisma. El ARQUITECTO populista se siente el intérprete supremo de la verdad general y también la agencia de noticias del pueblo. Habla con el público de manera constante, atiza sus pasiones, "alumbra el camino", y hace todo ello sin limitaciones ni intermediarios.

3) LA ARQUITECTURA POPULISTA fabrica la verdad. Los ARQUITECTOS populistas llevan hasta sus últimas consecuencias el proverbio latino "Vox populi, Vox dei". Pero como Dios no se manifiesta todos los días y el pueblo no tiene una sola voz, el ARQUITECTO "popular" interpreta la voz del pueblo, eleva esa versión al rango de verdad oficial, y sueña con decretar la verdad única. Como es natural, los populistas abominan de la libertad de expresión. Confunden la crítica con la enemistad militante, por eso buscan desprestigiarla, controlarla, acallarla.

4) El ARQUITECTO populista utiliza de modo discrecional los fondos públicos. No tiene paciencia con las sutilezas de la economía y las finanzas. El erario es su patrimonio privado que puede utilizar para enriquecerse y/o para embarcarse en proyectos que considere importantes o gloriosos, sin tomar en cuenta los costos. El ARQUITECTO populista tiene un concepto mágico de la economía: para él, todo gasto es inversión.

5) El ARQUITECTO populista reparte directamente la riqueza. Lo cual no es criticable en sí mismo (sobre todo en países pobres hay argumentos sumamente serios para repartir en efectivo una parte del ingreso, al margen de las costosas burocracias estatales y previniendo efectos inflacionarios), pero el populista no reparte gratis: focaliza su ayuda, la cobra en obediencia.

6) El ARQUITECTO populista alienta el odio de clases.

7) El ARQUITECTO populista moviliza permanentemente a los grupos sociales. La ARQUITECTURA populista apela, organiza, enardece a las masas. La plaza pública es un teatro donde aparece "Su Majestad El Pueblo" para demostrar su fuerza y escuchar las invectivas contra "los malos" de dentro y fuera.

8) La ARQUITECTURA populista fustiga por sistema al "enemigo exterior". Inmune a la crítica y alérgica a la autocrítica, necesitada de señalar chivos expiatorios para los fracasos, la ARQUITECTURA populista (más nacionalista que patriota) requiere desviar la atención interna hacia el adversario de fuera.

9) La ARQUITECTURA populista desprecia el orden legal. Hay en la cultura política iberoamericana un apego atávico a la "ley natural" y una desconfianza a las leyes hechas por el hombre.

10) La ARQUITECTURA populista mina, domina y, en último término, domestica o cancela las instituciones de la democracia liberal. El populismo abomina de los límites a su poder, los considera aristocráticos, oligárquicos, contrarios a la "voluntad popular".

Que cada uno saque sus propias conclusiones sobre la puntuación obtenida por los Maestros de nuestro tiempo.

Y si alguien adjudica un diez a alguien, por favor, que no deje de advertírlo a los demás...

Esencias mexicanas: Hotel Camino Real, de Legorreta

Como en anteriores visitas a México, me he alojado en el Hotel Camino Real, uno de mis hoteles favoritos en Iberoamérica.


El Camino Real (Ricardo Legorreta,1968) es, en conjunto, uno de los mejores hoteles urbanos en los que he estado. Eso no implica que las habitaciones sean gran cosa, ni el trato especialmente exquisito. Tampoco es un hotel excesivamente caro (hay ofertas en internet desde 90 dólares/noche), ni incorpora las comodidades de los modernos hoteles-boutique.

Lo que hace relevante al Hotel Camino Real es su portentosa arquitectura, que sigue estando de actualidad, pese al empeño de sus propietarios por devaluarlo, sustituyendo los sutiles colores pastel por brillante pintura plástica, o reponiendo el mobiliario de autor por restos de serie de origen inclasificable.

El Camino Real es un hotel de rincones y vistas; todos sus espacios relevantes se pueden conocer mediante un "paseo arquitectónico" elaborado a partir de una decena de fotos. Hay tres ámbitos del hotel QUE destacan sobre el resto: el atrio de acceso, el lobby, y el bar azul, quizás la pieza más barraganiana del conjunto.

El atrio de entrada es fascinante, debido al hipnótico efecto de la escultura-fuente que reproduce de forma certera la fuerza del mar. Tres potentes muros de colores, blanco, amarillo y rosa, y una escultura-celosía, también rosa, acotan este primer espacio intermedio entre el hotel y la ciudad.


Lo mejor del lobby es, a mi juicio, el sabio ejercicio que Legorreta hace de los cambios de nivel. Si uno mira desde el lobby hacia el bar azul, y fija la mirada más allá de la celosía, en el pasillo que conduce a las habitaciones, se percibe claramente que no era necesario tal cambio de alturas, sino que se trata de un ejercicio intencionado de estilo.

En otras palabras, para llegar a una habitación de la planta primera desde la calle, nos vemos obligados a bajar, para, inmediatamente después, volver a subir hasta el mismo nivel. Entiendo que Legorreta pretende graduar el acceso, dándole un cierto carácter ritual, y cierto misterio.

Es interesante el uso que se hace de bancos-esculturas de alabastro para modular el inmenso espacio del lobby, tarea a la que también colabora el taqueado de las molduras del techo, presente en todas las zonas comunes.

Dos grandes obras de arte completan este ámbito: "El hombre frente al infinito", de Rufino Tamayo, y el impresionante "Abstracto en dorado", de Mathias Goeritz.


El bar azul es el mejor lugar de México para tomar una margarita, mientras se escucha jazz en directo y el sonido del agua que circula bajo los pies. Un lugar en el que, mientras se contempla la rotunda arquitectura del cubo azul, uno puede comparar la comodidad de butacas diseñadas por Mies, Frank L. Wright, Le Corbusier, Saarinen o Gehry, por poner sólo unos ejemplos. No diré cual es mi veredicto de tal prueba, porque supondría poner en tela de juicio la elección de algun mueble de mi propia casa...


20 de febrero de 2006

Metrópolis: México Distrito Federal

Cuestiones ajenas a la arquitectura me han llevado de nuevo fuera de España. Durante la pasada semana he estado trabajando en la capital de México, lo que me ha permitido disfrutar ocasionalmente de su arquitectura y su gastronomía. A ellas dedico éste y los siguientes artículos.


Es impresionante la aproximación en avión al Distrito Federal, especialmente cuando, como era el caso, las nubes y la polución están altas, y permiten que el sol ilumine la trama urbana metropolitana. A medida que el avión se acerca a su destino, la ciudad parece infinita, dejando entrever tan sólo diversos relieves de origen volcánico. Algo más cerca, la trama comienza a revelar los colores característicos de la arquitectura vernácula, y ya en el suelo, se tarda poco tiempo en constatar el abuso del automóvil y la falta de planificación de las infraestructuras.

Con D.F. me ocurre lo que con Sao Paulo. Las grandes distancias y, sobre todo, la psicosis con la seguridad ciudadana, la han convertido en una ciudad incómoda para el visitante ocasional, y no decir para el turista. En el Distrito Federal uno hace todo lo posible por evitar caminar más de diez metros, permaneciendo anclado al "taxi de sitio".

Conocer una ciudad es caminarla; no hacerlo, conduce inevitablemente al desconcierto. Eso hace que, para el viajero, el Distrito Federal sea una ciudad de mapas imposibles.

México es una ciudad poco conocida, y, desde luego, infravalorada respecto a su potencial real. Sus autoridades deberían dedicar más tiempo y recursos a promocionarla como destino turístico y cultural. Especialmente en un momento en que el vecino del norte tiende a aislarse del mundo, y la vieja capital de América del Sur, Buenos Aires, sigue dando tumbos buscando lo que es, será, o dejó de ser.

Hay rincones maravillosos, como las colonias del Valle, San Angel, o Polanco. Todo el peso de la historia se percibe en el Museo Antropológico o en el Zócalo; y toda la esencia del México profundo se palpa cualquier domingo en la Basílica de Guadalupe. Las razas, la Fe, la muerte, lo indígena y lo occidental, se dan la mano a los pies de un importantísimo lugar de peregrinación, de arquitectura nefasta (la mala arquitectura, mal envejece).

Nueva cocina

6 de febrero de 2006

Lamela: "Para exigir al urbanismo, hace falta urbanidad"

Publicaba ayer el diario La Razón una entrevista con Antonio Lamela, coautor del proyecto del nuevo Barajas. Leyéndola, se percibe de inmediato que, pese a formar parte de los equipos españoles más relevantes de este principio de siglo, Lamela ancla las raíces de su obra en otra arquitectura más intemporal, característica de la generación de grandes arquitectos españoles del siglo XX (Sáenz de Oiza, Corrales y Molezún, Zuazo, Fisac, Sert y, por ser justos, Moneo y De la Sota).

En la conversación, además de renegar de los arquitectos estrella en beneficio de la buena arquitectura, apunta dos claves esenciales para el éxito profesional: el trabajo en equipo, y el profundo respeto a la profesión y al método de trabajo.

Transcribo algunos de los comentarios más interesantes de la entrevista:

Arquitectura racionalista dotada de una dimensión moral: "La arquitectura deber ser útil y servir para algo, física y moralmente. Debe ser bella, que es otra forma de funcionalidad, porque el ser humano, aunque muchos insistan en alimentarlo de fealdad, desea la belleza, que, digamos, es un alimento metafísico."

Maestros: "La autorreflexión y la autocrítica. He viajado y leído mucho, he estudiado a los grandes maestros y dialogado con, por ejemplo, Richard Neutra o Van der Rohe, y en algunas de mis obras se ve la influencia de ambos".

Arquitectos estrella: "Yo no creo en los arquitectos estrella, sino en la buena arquitectura, y cuando es buena y el arquitecto tiene la oportunidad de realizar su obra, al final termina por ser reconocido. En arquitectura, más que en otras actividades, el tiempo impone una selección que no suele fallar, implacable. La prueba es esa cantidad de arquitectura anónima que me decía antes. Pero la arquitectura es una actividad compleja, para hacer una obra no basta con proyectarla no eres un músico o un pintor que trabaja en su estudio y crea de la nada, sino que necesitas de un encargo, de suelo y luego la costosísima elaboración de ese encargo. Se olvida que eso es arquitectura, que ni viene del cielo. La arquitectura tiene que ser sencillamente buena. Y si la arquitectura es buena, entonces será ecológica, bioclimática, de bajo consumo energético o lo que queramos. Pero si es mala, no sirve de nada".

Método de trabajo: "Habrá visto que toda la zona de trabajo es blanca, tanto techos como muros, porque cuando abrimos el estudio necesitábamos mucha luz natural y el blanco es el que consigue unos niveles lumínicos más altos. Después, pensé que ir de uniforme daba sensación de equipo, de conjunción y de paso distinguíamos quienes eran de casa y quienes eran visitantes. Y además, al moverse las personas que iban de blanco se fundían con el blanco de paredes y no molestaban a los que estaban trabajando. Cada vez estamos más satisfechos de haber tomado esa decisión".

Urbanismo de Madrid: "Las administraciones no tienen equipos que les aconsejen. La prueba la tiene en Madrid: se hace un urbanismo muy malo, hay que reconocerlo, y la urbanidad, peor, porque de otra manera, se exigiría más al urbanismo".